Toda decisión tiene un precio 

Cada día tomamos decisiones.

Algunas parecen insignificantes.

Otras tienen el poder de cambiar por completo el rumbo de nuestra vida.

Lo curioso es que solemos preguntarnos qué queremos conseguir, pero pocas veces nos preguntamos qué estamos dispuestos a asumir para conseguirlo.

Y ahí comienza la diferencia entre desear y querer.

Desear es fácil.

Todos deseamos resultados.

Deseamos éxito.

Deseamos reconocimiento.

Deseamos relaciones saludables.

Deseamos una vida mejor.

Pero querer es otra cosa.

Porque querer implica compromiso.

Implica aceptar procesos.

Implica sostener decisiones cuando desaparece la emoción inicial.

El deseo suele ser impulsivo.

Busca satisfacción inmediata.

Quiere llegar al resultado sin atravesar el camino.

En cambio, cuando realmente queremos algo, aparece una fuerza diferente.

Nos volvemos más pacientes.

Más estratégicos.

Más conscientes.

Dejamos de preguntarnos únicamente qué queremos obtener y comenzamos a preguntarnos quién necesitamos ser para lograrlo.

Y entonces aparece una palabra inevitable: consecuencias.

Toda decisión trae consecuencias.

Incluso aquellas decisiones que tomamos sin pensar.

Incluso aquellas que dejamos en manos de otros.

Incluso aquellas que evitamos tomar.

Porque no decidir también es una decisión.

La verdadera responsabilidad no consiste en controlar todo lo que sucede.

Consiste en aceptar que nuestras elecciones tienen efectos y estar dispuestos a responder por ellos.

Quizás por eso una de las preguntas más poderosas que podemos hacernos antes de decidir es esta:

¿Lo deseo o realmente lo quiero?

Porque cuando solamente deseamos, solemos enfocarnos en el beneficio.

Pero cuando realmente queremos algo, también aceptamos el precio que implica alcanzarlo.

Y es ahí donde dejamos de actuar por impulso y comenzamos a construir una vida con intención.

Al final, la libertad no consiste en hacer lo que queremos.

La libertad consiste en elegir conscientemente y asumir con madurez aquello que nuestras decisiones generan.

Porque toda decisión tiene un precio.

Y toda vida extraordinaria también.

Catalina Vera
Coach y Comunicadora