A veces no necesitás avanzar. Necesitás soltar. 

Hay momentos en los que sentimos que nuestra vida está detenida.

Buscamos respuestas, estrategias, herramientas y motivación para avanzar, pero aun así seguimos sintiendo el mismo peso sobre los hombros.

Y quizás el problema no sea la falta de movimiento.

Quizás el problema sea todo aquello que seguimos cargando.

A veces creemos que avanzar consiste en agregar algo nuevo: una oportunidad, una relación, un proyecto o una meta.

Pero pocas veces nos detenemos a pensar que, para construir algo diferente, primero debemos liberar espacio.

Porque nadie puede sostener un futuro nuevo con las manos ocupadas por el pasado.

Muchas de nuestras decisiones equivocadas no nos destruyen por sí mismas.

Lo que realmente nos desgasta es permanecer atrapados en ellas.

La culpa, el arrepentimiento y la frustración tienen una forma silenciosa de instalarnos en un lugar donde dejamos de aprender y comenzamos a castigarnos.

Y cuando eso ocurre, no solo dejamos de construir nuestra vida.

También comenzamos a destruir partes de ella.

Nuestras conversaciones cambian.

Nuestra manera de relacionarnos cambia.

Nuestra forma de mirarnos cambia.

Lo que alguna vez fue una experiencia termina convirtiéndose en una prisión.

Sin embargo, existe una diferencia enorme entre responsabilizarse y castigarse.

Responsabilizarse es aprender.

Castigarse es quedarse atrapado.

Y mientras permanecemos atrapados en aquello que ya ocurrió, dejamos de estar disponibles para aquello que todavía puede suceder.

Por eso soltar no significa olvidar.

No significa justificar.

No significa hacer de cuenta que nada pasó.

Soltar significa aceptar.

Aceptar que ocurrió.

Aceptar lo aprendido.

Aceptar que ya no podemos modificar el pasado, pero sí podemos decidir qué hacer con él.

Porque la vida no cambia cuando entendemos todo.

La vida cambia cuando dejamos de aferrarnos a aquello que ya cumplió su ciclo.

Tal vez hoy no necesites esforzarte más.

Tal vez necesites liberar aquello que te impide avanzar.

Porque cuando soltamos el peso que ya no nos corresponde cargar, descubrimos que muchas veces la libertad no estaba delante nuestro.

Estaba esperando que abriéramos la mano.

Catalina Vera
Coach y Comunicadora